Giusy Gil Mammana Parisi

El diario de Fermina: cap. XXVI

2020-09-22 02:43:17

Hola queridos estudiantes, aquí tenemos el verbo "cargar" en un sentido inusual, pues en este capítulo nada tiene que ver con lo de levantar peso (carga) y sí con el argot juvenil argentino: en este caso significa nada mãs tomar el pelo.

MISTERIO REVELADO: acto primero

Camilo Montero, en serio: era él. Pertenecía al mismo grupo de amigos de William y Byron, pero no lo reconocí a primera debido a que casi no nos tratábamos: al igual que la maioría de esos muchachos, Camilo nunca había dado señales de percatarse de mi presencia. Era un pibe no muy alto, algo en sobrepeso, de pelo rubio y liso. No muy llamativo en su apariencia, pero se le notaba su pertenencia a la clase elitaria. Me pregunté por qué un joven de alcurnia como Camilo, a quien nunca le faltó nada en la vida, se había vuelto chorro. Ese pibe nunca conoció la pobreza y menos aún la miseria. Por cierto no fue para burlarse de mí: ya les dije que no nos tratábamos. Nunca me había considerado su amiga, pero tampoco enemiga. Y por suerte, tampoco le interesaba cargarme como solían hacer algunos de mis compañeros de clase. Simplemente, yo no existía en el mundo dorado del hijo de un militar de alto mando, quizás coronel del ejército regular. El delegado debía de pensar lo mismo que yo, ya que le preguntó cómo tal percance pudo ocurrir. Pero Camilo no conseguía contestar a las preguntas del delegado, con lo asustado que parecía estar. Por cierto, temía la reacción de su padre, una vez que se hubiera enterado. A pesar de lo viciados y caprichosos que los niños de su clase suelen crecer, el hijo de un militar difícilmente escapa de una disciplina rigurosa, dificilmente se sale con la suya.