EL PRINCIPITO QUE QUISO SER PILOTO
El Principito, el libro que todos leímos de pequeños y el que todos deberíamos leer en la etapa adulta
Nació un 29 de junio de 1900 en el seno de una familia de nivel medio alto, en la ciudad de Lyon, Francia; su vida transcurrió durante la primera mitad del siglo XX, la más violenta de la época moderna. Desde muy joven se integró a la escuadrilla de aviadores de Francia donde desarrolló una de sus pasiones. También tuvo una muy corta época como empresario al lado de su esposa Consuelo Suncín, pero su verdadera vocación era volar y escribir, de hecho pudo desarrollarse en los dos ámbitos hasta el día de su muerte. (Romeo, 2015)
Desde sus primeras obras ya se ve el carácter humanista, que será mucho más acentuado en obras como Tierra de Hombres publicado en 1939, justo cuando es comisionado para una actividad de reconocimiento, en lo que sería ya la segunda guerra mundial. Su participación en esta guerra no fue muy activa, pues lo rechazaron varias veces, en gran parte por su edad. En 1944 se le encomendaron algunos vuelos de reconocimiento, hasta que finalmente en unos de ellos pierde la vida. (Ruiza, 2004)
El autor plantea, principalmente en sus últimas obras, un profundo humanismo, cargado de sentimientos y valores. Las jornadas como piloto, los accidentes y el contacto con los horrores de la guerra, seguramente provocaron las más sublimes emociones, pero en sus obras también se abordan problemas filosóficos como la existencia y la permanencia, conceptos ontológicos que caracterizan no sólo a su obra, sino también a su persona.
La cuestión que Saint-Exupéry nos plantea en su obra El principito es un problema básico de conocimiento y comunicación, enfocado desde la objetividad y la redefinición de los conceptos. Sobre la existencia que llamaríamos real o la pura imaginación del pensamiento. Lo primero que se identifica es la afirmación de que las personas mayores tienen interpretaciones erróneas, son ciegas y sordas al orden social. Se rigen por conceptos impuestos, tales como el bien y el mal, lo conveniente y lo inconveniente, lo bello y lo feo, lo rentable o poco rentable, son categorías transmitidas por una educación manipulada y manipuladora.
Efectivamente, estudiar geografía y matemáticas es lo que deben hacer los niños, según consideran los adultos, pero por estudiar geografía, matemáticas, y una lista de diez materias más, la humanidad ha dejado de ver con el alma, se ha olvidado de ver lo invisible para los ojos. De eso se trata la obra de Saint-Exupéry.
Cuando salió a la luz El principito en abril de 1943, primero en Estados Unidos y luego en Francia, el público lo recibió con indiferencia, pero con el tiempo se ha posicionado como la obra que mejor describe a Saint-Exupéry, y ha sido el libro más vendido en ese país y casi en todo el mundo. Hoy llama la atención de muchos investigadores desde diferentes ángulos; en él se han fijado, estudiosos de la educación, del arte, la literatura, filosofía e historia
Para lograr el estudio hermenéutico que se pretende, es necesario revisar los libros que relatan las aventuras, conocimientos y fantasías del propio autor. Las primeras obras en las que relata sus aventuras como piloto fue El aviador (1926), Correo del Sur (1928) y Vuelo nocturno (1931), después hace una importante meditación sobre el desierto en Tierra de hombres (1939), reconocimientos aéreos en 1939-1940 en Piloto de guerra. Reflexiones en Ciudadela (1948), publicada póstumamente, al igual que Notas de juventud (1953), Cuadernos (1953), Cartas a su madre (1955), Escritos de guerra (1982), Manon, la bailarina (2007) y Cartas a lo desconocido (2008). (El Resumen)
Lo que sugiere el autor es enfocar la capacidad para actuar, mediar y resolver pacíficamente los conflictos, señalando una ruta ontológica optimista que contrasta con la desesperanza, la incapacidad o el nihilismo tan presente en las culturas occidentales. La atención y búsqueda de la resolución de los conflictos de manera pacífica, ofrece un marco para la comprensión y actuación ante la vida y la sociedad como parte de la construcción de la paz para una sociedad sustentable. Para ello introduce un concepto que debe entenderse en su significado subyacente. El zorro utiliza el término domesticar porque es propio del lenguaje animal y el pertenece al mundo animal, pero si lo trasladamos al lenguaje humano, significa crear lazos. Uniones, no ataduras.